lunes, 13 de abril de 2015

Tu bebé no sabe que es un ser distinto a ti


 ¿Alguna vez te has puesto a pensar que pasa por la cabeza de ese pequeño ser que acaba de nacer?. Lo observas tan pequeñito y a la vez tan pero tan demandate que no eres capaz de darte una ducha tranquila.  Yo me lo preguntaba mil veces cuando nación mi hija. Unos meses después entendí muchas cosas, y ojalá hubiera entendido y leído mas del comportamiento de un recién nacido para haberme ahorrado angustias. Pero en fin, sin mas largas, creo más o menos que esto será lo que piensan:

“Uf… que difícil fue salir, parece que mi mamá está agotada, pero yo lo único que quiero es explorar el mundo y comer, empiezo a sentir hambre y me gusta estar en su pecho que me llena de calma y me satisface. Me siento un poco extraña y con un muy grande espacio a mi alrededor. Siento frío, tengo hambre de nuevo, ¿que es esto que entra por mi nariz y llena mis pulmones? Parece que se llama respirar, porque mi mamá siempre está preocupada de que lo haga.
¡Que rico es estar cerca de ella!, su piel tiene el olor de ese lugar, donde no había tanta luz ni tanto ruido ni tanto espacio alrededor, ahí me sentía muy cómoda… tiene la temperatura perfecta, estar en sus brazos es tan tibio como en ese lugar maravilloso del que vengo. Una de las cosas que mas disfruto de ya no estar en ese lugar, es que puedo estar en su pecho. Ahí me lleno de tranquilidad cuando me siento asustada de este nuevo ambiente, y me hace escuchar ese ruidito que escuche por mucho tiempo... los latidos de su corazón. Que me tenga cerca y me envuelva con sus brazos, me hace sentirme segura, y de nuevo apretadita como estaba en ese lugar que abandoné el día que  decidí nacer.


Aveces no entiendo porque mi mami insiste en pasarme con otra gente, incluso con mi papá, que me cae bien, pero no es lo mismo, no me da la sensación que me da estar en los brazos de ella. También insiste en ponerme en un espacio vacío… he escuchado que le dice “la cuna” y ahí si que no tengo la menor intención de pasar ni un rato. Hay momentos en cierro los ojitos en su pecho, voy quedándome dormida viendo su rostro y de repente despierto en esta cuna tan grande, vacía, sin olor, sin ella, sin mamá!!! Siento una desesperación enorme… ¿donde está ella? ¿Porque estoy acá y ella esta lejos? ¿Cómo puede ser eso posible si yo soy parte de ella? Lloro, lloro, lloro, con todas mis fuerzas, desesperada! Ahí la escucho… ahí viene, me vuelve a poner en su pecho, en sus brazos tibios y aaaah de nuevo se que somos una, vuelvo a sentir su olor, su suavidad, la temperatura perfecta, la…zzzzz (bebé dormida)



Nuestros bebés aún no están listos para nacer

El bebé humano nace usualmente 266,5 días después de la concepción debido a su cabeza grande y al rápido crecimiento de su cerebro que tiene lugar durante los últimos tres meses en el útero. El aumento de tamaño del cerebro y la locomoción bípeda (sobre dos pies y posteriormente un reordenamiento y el estrechamiento de la pelvis) implica una reducción  de madurez al nacer, de casi todos nuestros sistemas fisiológicos, para poder sobrevivir (Trevathan, 144)

Si los bebés se quedaran en el útero durante un período más extenso de tiempo y su cerebro siguiera creciendo al ritmo que crece, la cabeza sería demasiado grande para pasar por el canal vaginal y pondría en peligro la propia vida del bebé, la vida de la madre, y la de toda la especie humana, por así decirlo. Así, a pesar de que el bebé no ha madurado suficientemente, nace. (Montagu, 53)

Es por esto que al momento de nacer, es completamente indefenso y completamente dependiente de su madre. No sabe hablar, ni caminar, ni valerse por ninguna forma por si mismo. Necesita sentir contacto físico constante mientras se adapta a la “nueva vida”, a diferencia de otros mamíferos que al nacer ya pueden hacer muchas cosas.

Como nacen “antes de tiempo”, durante los próximos 9 meses de nacido, tu bebé básicamente se sigue gestando fuera de la pancita de mamá. Al seguirse “gestando” necesita seguirse sintiendo como si estuviera dentro del vientre. La naturaleza no nos proveyó de un marsupio o bolsita que funcione como incubadora para poder cargarlos todo el tiempo como los canguros, pero sí tenemos la capacidad de tenerlos cerca todo el tiempo, criándolos en brazos, porteándolos, mucho piel a piel y grandes cantidades de contacto físico.

El término “exterogestación” es el proceso que vive el recién nacido una vez está fuera del útero: el nacimiento no es un antes y un después, una separación entre la madre y el bebé, sino una continuación de esa dependencia pero fuera del útero, lo que se conoce como exterogestación del bebé o los segundos nueve meses de "embarazo".

Nuestro bebé se sigue gestando fuera del útero

En la mayor parte del mundo, los bebés son llevados cerca de su madre porque es para lo que estamos preparados biológicamente. En el mundo occidental sobre todo, hay cada vez mas una brecha enorme entre la madre y el bebé, gracias al uso masivo del cochecito, las cunas, la silla vibradora, etc. Y ni hablar de los consejos que recibimos a diario de como debemos hacer que no dependa tanto de nosotras porque se mal acostumbran.

Para su desarrollo físico y emocional el recién nacido necesita a su madre las 24 horas del día.  Así de simple. Físicamente, a diferencia de otros órganos como los pulmones y el corazón, el cerebro del bebé es poco desarrollado y acabará de madurar fuera del útero.

Al momento de nacer el cerebro establece pocas conexiones neuronales y representa apenas el 25 por ciento del tamaño que tendrá en la edad adulta. De hecho, la mayor parte del desarrollo del cerebro se produce fuera, especialmente en los primeros años de vida alcanzando a los cuatro años 1.000 billones de conexiones neuronales, la mayor en toda su vida.

Por tanto, todas las experiencias tanto positivas como negativas que experimenten durante su primer año de vida, serán absorbidas e influirán en su desarrollo cerebral y en su comportamiento al ser un adulto, aunque no sea capaz de recordar sus vivencias cuando bebé.

Para un bebé que se convierte prematuramente  en "un individuo" y es separado de su madre en los primeros momentos, días, semanas o meses después del nacimiento pone en riesgo su seguridad y estabilidad como adulto.
"Si los padres comprendieran plenamente el alcance de su influencia sobre sus hijos, especialmente en el comienzo de su vida, la necesidad del tacto abundante y  el afecto ni siquiera tendría que ser mencionado" (Caplan, 36).

El gateo completa la gestación exterior.

En 1944 Portmann fue el primero en sugerir que para que un recién nacido humano alcanzara el estado de desarrollo de un mono recién nacido, la gestación total sería de alrededor de 21 meses. Kovacs la situó entre los 18 y los 20 meses. Bostok informó de que la gestación ideal para un ser humano recién nacido sería cuando la locomoción cuadrúpeda (movimiento en cuatro patas) comienza lo que significaría el gateo para el bebé humano, siendo capaz de escapar de un peligro por sus propios medios. Lo que es interesante es que el tiempo promedio que lleva a un bebé a gatear, o para que la gestación exterior finalice en términos de Bostok, es de 266 días y medio después de su nacimiento-exactamente el mismo tiempo que la gestación en el vientre! (Montagu, 1986, 54). De ahí la idea de "nueve meses dentro y nueve meses fuera".
 
Es evidente, y más para las madres que tenemos niños mas grandes, que pronto empezará a crecer y a gatear, a caminar y a desplazarse por si solo. Empezará a ganar confianza y dejará eventualmente de demandar tantos brazos y tanto contacto.  El bebé empieza a dejar de verse una sola unidad con su madre, y se da cuenta que puede ser autónomo y mas independiente… inicia otra etapa maravillosa en la que desarrollan sus gustos, imponen su carácter y quieren devorarse el mundo.





Algunos consejos que ayudan a sobrellevar la exterogestación.

Como vivimos inmersos en una sociedad donde la madre muchas veces no es apoyada, tiene que permanecer largas jornadas fuera del hogar, la crianza tiene que hacerla sola y está constantemente bombardeada por consejos erróneos sobre independizar al bebé lo mas pronto posible, resulta obvio que estas demandas constantes de contacto físico del bebé se hacen muy difíciles de llevar. Nos vemos sobrepasadas, agotadas y no lo pasamos bien durante la crianza. Algunas cosas pueden ayudarnos:

  1. Porteo: Es muy cansado llevar al bebé en brazos todo el tiempo y tener que hacer otras cosas porque muchas veces el mundo no se detiene y la casa espera y otros de nuestros hijos esperan.  Portear al bebé con el portabebe de tu preferencia (mochila, fular, meitai, bandolera, etc.) te ayudará increíblemente a poder hacer mas cosas al mismo tiempo al tener tus manos libres. Portear al bebé imita el espacio cerrado que siente en el vientre; los movimientos de la madre al caminar por ejemplo, le recuerdan al bebé los movimientos suaves de cuando estaba en la barriguita. Es el espacio de seguridad y confort que necesita en su nueva vida extrauterina. El bebé está cerca de ti, llora menos y se fortalece el vínculo afectivo. 
  2. Colecho: Compartir el lecho o dormir con el bebé es la forma más natural y hermosa de mantener a nuestro bebé cerca. Existen muchos mitos alrededor de esto: “los niños se malacostumbran”, “se hace el que sufre para no salir más de tu cama”, “no vas a poder tener sexo nunca más en tu vida”, "NUNCA lo vas a sacar de la cama" “es peligroso”. La verdad, es que nada de esto es verdad. Una vez que sienta la madurez necesaria para salir de la cama matrimonial lo hará (te aseguro que no será a los 18 años) y el colecho no aumenta el riesgo de muerte súbita. Es extremadamente extraño que puedas aplastar a tu bebé (a menos que alguno de los padres esté bajos los efectos del alcohol o las drogas). Dormir con tu hijo es una solución fácil y natural de atender las necesidades de tu pequeño durante las noches, de fomentar el contacto físico y mantener tu producción de leche.
    Adaptación para colechar con sus dos hijos de la familia Guerra Ugarte
  3. Tiempo juntos sin restricciones: ya hemos hablado mucho que esto es importante para el bebé, pero también lo es para la madre. Ambos se necesitan mutuamente. En la diada madre-bebé, ambos se reconocen después del parto, aumenta la llamada “hormona del amor” (oxcitocina) a través de la lactancia y hace  que se intensifique esa unión. La mamá se siente cada vez más cautivada por su bebé y su bebé cautivado por ella.  Es indispensable el piel a piel después del nacimiento, no alejarlo de nuestro lado y ojalá dedicarnos solamente a nuestro hijo los primeros días sin interrupciones.
  4. Lactancia prolongada y a demanda: Amamantar a tu bebé sin horarios ni restricciones, por todo el tiempo que sea posible, le permite satisfacer no solo su necesidad de hambre sino también de cercanía. Fortalece el vínculo afectivo, su intimidad y establece una base permanente de placer y satisfacción para ambos.
  5. Seguir el instinto: Escucharás muchos consejos erróneos, como que tu hijo te manipula y ya se acostumbró a los brazos. Trata de seguir lo que dice tu corazón, trata de dar a tu bebé lo que te pide… es imposible “mal-criar” a tu pequeño por darle amor y contención sin limites en esta primera etapa de su vida. Si llora cuando lo dejas solo,  si padece el síndrome "cuna con espinas", si no le gusta su cochecito caro que con tanto amor le compraste, si no le gusta la silla del auto, ni su silla nido... ¡es normal! es el comportamiento normal de un recién nacido.
  6. Buscar tribu: busca apoyo en la familia, los amigos, tu pareja. La crianza no es sencilla y mucho menos en tiempos actuales. Permítete cinco minutos para ti si es posible y se capaz de reconocer cuando ya no puedas mas. La maternidad en soledad puede ser angustiante y sumamente desgastante.  Pide ayuda y llévalo un día a la vez. Si madre y bebé son uno mismo los primeros meses, entonces, una madre saludable es una madre feliz y por lo tanto el bebé es feliz.


lunes, 6 de abril de 2015

Burn out materno. Cuando mamá no das más.

El Síndrome de  Burn out , también llamado “síndrome de desgaste profesional”, “síndrome de desgaste ocupacional”. “síndrome del trabajador desgastado”, “síndrome del trabajador consumido”, “síndrome de quemarse por el trabajo”, “síndrome de la cabeza quemada”, según Wikipedia se trata de “un padecimiento que a grandes rasgos consistiría en la presencia de una respuesta prolongada de estrés en el organismo ante los factores estresantes emocionales e interpersonales que se presentan en el trabajo, que incluye fatiga crónica, ineficacia y negación de lo ocurrido”.


Si bien se define burn out en el ámbito laboral, también se ha aplicado a la crianza, referido al agotamiento que pueden llegar a sentir las madres (o los padres, si es el caso) que se dedican exclusivamente a  la crianza de sus hijos.

"Es una condición en la cual las exigencias del entorno superan la capacidad de adaptación o respuesta de un individuo", señala Inés Tondreau, psicóloga infanto-juvenil especialista en asesoría parental. Todo el sistema de alerta está agotado y se presentan síntomas como apatía, falta de energía, pérdida o aumento del apetito, pérdida o aumento del sueño y sensación de agotamiento constante. "Se parece mucho a la depresión, pero está relacionado con el rol como trabajadora en el hogar".

La psicóloga Violaine Guéritault, autora del libro “El cansancio emocional y físico de las madres” (La fatigue émotionnelle et physique des mères), explora el burnout materno tras haberlo vivido y establece algunos de los generadores de estrés más frecuentes:
 
 


“• El trabajo materno implica volver a hacer mil veces las mis más tareas. Tiene que lavar y limpiar. Todo vuelve a estar sucio algunos minutos más tarde, privando a la mujer de ese sentimiento de tarea hecha que da sentido y energía al trabajo.


• Una madre vive numerosas situaciones sobre las que no tiene ningún control. Le gustaría ser capaz de proteger a su hijo de todo, pero a menudo se ve impotente. Y no sólo estamos hablando de accidentes o de percances que requieren hospitalización, sino también, en la vida cotidiana, de los cólicos del lactante, de los dolores de la dentición o de las picaduras de avispa, etc.


• Si hay algo que caracterice a los niños pequeños ese algo es la imprevisibilidad. Por mucho que la madre se planifique el día, lo más seguro es que sus previsiones acaben patas arriba. Justo en el momento en que sale para encontrarse con una amiga, cuando va a colocar al bebé en el cochecito, se da cuenta de que tiene que cambiarle los pañales.  Aunque usted sea muy organizada, su pequeño acabará desestabilizándole el horario. No es nada raro que, al llegar la noche, algunas madres, sintiéndose abatidas, lleguen a pensar que «no he hecho nada en todo el día».


• Todo trabajo merece recompensa. No obstante, parecería que eso no se aplica al trabajo de madre. Se la idealiza y honra como es debido el Día de la Madre, pero en su vida diaria recibe muy poco reconocimiento por parte de los demás; para la gente, no hace más que cumplir con su deber.


• A todo ello hay que añadir que una madre no tiene derecho a cometer errores. Ella misma se pone el listón muy alto, y se desespera al comprobar la diferencia existente entre el modelo de lo que querría ser y lo que vive cada día.”

 
Agregaría también que las leyes laborales no ayudan a las madres trabajadoras en la mayoría de los países, y la conciliación de la vida familiar y laboral es una utopía.

Es muy difícil compaginar el trabajo de fuera con el de dentro de casa, los niños se vuelven muy exigentes cuando mamá llega a casa y quiere pasar todo el tiempo colgado de ella, con lo que hasta ir al baño también se vuelve una odisea, con lo cual imagínense  lo difícil que se vuelve hacer cualquier tarea del hogar. Lo digo por experiencia, con lo que mi pareja y yo hemos optado por realizar los trabajos de casa después de que se duerme, en la noche, antes de su primer despertar (nuestro niño es de alta demanda, muy intenso que necesita atención casi en todo momento, también de noche con lo que sus despertares son múltiples cada noche y donde sólo acepta ser atendido por su mamá – yo).

Así, entonces no es raro que las mamás, trabajadoras fuera de casa, o no, estemos agotadas y muchas veces  llegamos a un puntos en que sentimos que no damos más, que vamos a morir del cansancio o explotar.

Para evitar cualquiera de ambas posibilidades, sobre todo la de explotar ante y con nuestros niños, llegando a tratarles mal (gritos, sacudidas, malas palabras, golpes etc.) o evitar las consecuencias físicas o emocionales del agotamiento extremo, lo mejor sería estar atenta a cómo te sientes ante la maternidad y cómo actúas ante las demandas y necesidades de tus hijos.

Violaine Guéritault dice en su libro, al hablar de ella misma: «Estaba llenando la lavadora mientras oía el ruido de fondo que armaban mis dos hijos al pelearse por enésima vez durante la mañana. De repente, se oyó un tremendo “ seguido por los aullidos de mi hija. Y me quedé quieta, inmóvil, creo que pensé en algo así como “del suelo no pasa”, o “si grita, es porque aún está viva”. Entonces acaba de llenar la lavadora como una autómata. No sentía nada. Había dejado de pensar como una madre». Era el detonante.

La única opción  es darnos cuenta nosotras mismas de cómo nos sentimos y tratar de abordar las posibilidades que tenemos antes de que el detonante se active. Ser capaces de reconocer sin vergüenzas ni culpas que estamos exhaustas y que necesitamos algún tipo de cambio y ayuda externa. Porque la maternidad no es como en un trabajo, en el que si estamos estresados, mal que mal, tenemos la opción de reducir jornada o solicitar un permiso no remunerado o renunciar. El síndrome de agotamiento materno es más complicado de abordar justamente porque no puede eliminarse la causa, no podemos (y no queremos) renunciar.

 Como ya hemos dicho en otros post (http://mamasalcien.blogspot.com.es/2015/01/guarderia-ser-o-no-ser.html) es necesario que busques ayuda para la crianza y/o las tareas del hogar, sea un familiar que necesite trabajo y le puedas ayudar con algo de dinero, sean los abuelos quienes puedan y quieran hacerlo voluntariamente, que el padre de tu niñ@ se involucre, y que te des algunos espacios, por cortos que sean, para ti misma; salir, leer, ver TV, etc.

"La madre va necesitar un tiempo de reposo y, en algunos casos, hasta ayuda terapéutica y medicamentos. Igualmente, deberá, aprender a hacer pausas, tomar tiempo para ella y no acumular cansancio" (Núñez, en http://www.estampas.com/cuerpo-y-mente/140223/cuando-mama-no-da-mas)

 
 
Si la maternidad es una experiencia maravillosa, por qué a veces se vuelve tan dura? Porque la mayoría de las veces las madres estamos solas ante la crianza, conviviendo con las presiones sociales, y los opinólogos que no nos dejan criar en paz y siempre están diciéndonos qué deberíamos hacer o ser con o ante nuestro niños.

Porque la mayoría de las madres, no queremos reconocer /nos  que nuestro encantadores hijos, a veces no sacan de quicio y que necesitamos un descanso, un tiempo para respirar.

Porque la mayoría de las madres, no siempre tenemos la información necesaria en el momento indicado y terminamos haciendo cosas que  van en contra de nuestras ideas,  porque no sabemos cómo mejor actuar en ese momento, y luego podemos sentirnos culpables y autoflagelarnos por ello.

Porque la mayoría, creemos que podemos con todo y no somos capaces de reconocer que no y que necesitamos ayuda para las cosas de la casa, al menos, de quién más debería ayudarnos, el compañero de vida, cuando lo hay. No pedimos ayuda y muy pocos hombres la prestan sin que se las pidan.

Porque no existen instituciones, y si existen las madres no las conocemos, en que se encarguen de dar apoyo psicológico, información y ayuda moral a las madres.

Todo lo anterior, porque se ha olvidado que la crianza mamífera se hace en manada, en tribu y no sola contra la corriente. Por ello recordamos nuestro post sobre la Importancia de una tribu (http://mamasalcien.blogspot.com.es/2014/12/por-que-me-critican-la-crianza-la.html)

 
“Demasiada ropa que lavar, demasiados suelos que fregar, demasiados platos que cocinar y lavar. Todo ello puede llegar a alterar la capacidad de amar de una madre.
De hecho, no es tanto la tarea en sí misma la que obstaculiza el amor como el sentimiento de injusticia. Una injusticia que rara vez se ve reconocida como tal. (…) En el hogar, muchas veces la mujer se ve obligada a reprimir ira: la relacionada con la frustración, con la injusticia, y a veces que le provoca la herida que le inflinge un marido inconsciente cuando no poco delicado.
Las mujeres que viven solas tienen tantas dificultades como demás. El rencor que se mantiene en secreto es lo que impide que florezca el amor, y no la falta de un hombre.
La sociedad espera que las mujeres sepan ejercer bien su papel, como si fuera algo innato (…) Bien es verdad que las mujeres secretan las hormonas del afecto y que llevan el biberón integrado en su cuerpo, pero en sus genes no hay nada inscrito acerca de cuál es la mejor marca de pañales, de las vacunas o de las relaciones con los profesores. Por no hablar de que tienen que ir adaptándose continuamente. Con los hijos nunca puede darse nada por ganado: los niños crecen y cambian. Y no hay dos hijos iguales.
 (…) La madre agotada se ocupa de su hijo, pero sin afecto. Lo hace, y punto. Todas nosotras hemos pasado por esos momentos de completo agotamiento. Hacemos lo que toca que hacer: preparar la comida, vaciar la bañera, quitar la mesa y acostar a los niños, pero todo de un modo automático
(…)Y aunque no todas las madres caigan en la depresión, una inmensa mayoría —por no decir todas— pasan por una fase fugaz, recurrente o prolongada de agotamiento.
(…)
Emociones reprimidas, autodesvalorización, alejamiento emocional, distancia afectiva, impotencia, frustración... ¡El cóctel es explosivo! Cuando una madre «se rompe» y maltrata a su hijo, toda la sociedad tiene que asumir la responsabilidad de ello, y no ella sola”


 
 

lunes, 30 de marzo de 2015

Movimiento en libertad (parte II)

Hace unas semanas hablamos acerca del movimiento en libertad.  Mencionamos que durante el desarrollo motor de los niños hay diversos hitos y que Emmi Pikler (pediatra europea famosa en este tema) en su libro “Moverse en Libertad” describe diez estadios progresivos que un niño o niña desarrolla de forma cronológica. En términos generales son rotar, gatear y caminar.



En ese post dimos algunas luces  de cosas que la sociedad e incluso los médicos recomiendan hacer y que a la larga interfieren en la forma natural que un bebé va sincronizando su desarrollo motriz. 

Dentro de los mitos mas clásicos están:

1. El bebé debe permanecer cierto tiempo boca abajo
2. Cuando el bebé tenga alrededor de 4/5 meses debe aprender a rotar
3. Debemos enseñar al bebé a sentarse


Acerca de estas creencias profundizamos mas en este post:


En esta ocasión queremos continuar desmitiendo otros paradigmas o mitos que hay en la sociedad respecto a permitir a los niños y niñas  se desarrollen en libertad y sobre todo a su propio ritmo:

 4. ¡Gateo, gateo y más gateo!
En la actualidad el gateo ha comenzado a verse como una etapa no tan fundamental en el desarrollo motor de un niño. Para muchos padres es una fase que da lo mismo si sucede o no y hasta nos atemoriza si gatea demasiados meses consecutivos, nos empieza a dar ansiedad y lo único que queremos es tomarle de las manos y ayudarle a caminar.

En este periodo de gateo, como siempre,  es importante cultivar la paciencia, veremos previamente al gateo como el bebé da vueltas, puede ponerse en esta posición pero no gatea lo cual es totalmente normal. Hasta que finalmente llega el día que repta o se lanza a gatear.




 He escuchado a muchos padres decir casi con orgullo que sus hijos no gatearon, que se saltaron esa fase y directamente empezaron a caminar, (cabe aclarar que la precocidad de un niño para alcanzar determinada postura o movimiento, no es predictora de un futuro de capacidades superiores de ese bebé). Pero el gateo tiene muchos beneficios que debemos permitir que nuestro bebé obtenga:

1-    El movimiento consiste en mover brazo derecho y pie del lado contrario, e igual con el otro brazo y pie, en cada movimiento genera grandes beneficios neurológicos. Cuando gatean se tonifican los músculos que le van a permitir a  niño tonificar a su vez la columna, lo cual le ayudará a mantenerse erguido cuando pase a la etapa del gateo

2-    El gateo ayudará al bebé a ejercitar y perfeccionar la visión. Ahora el bebé ha de estar más atento a lo que le rodea, a ver por donde va y lo que está explorando, por tanto aprende a enfocar ambos ojos y a enfocar a una distancia de 30-40 cm aproximadamente, la misma distancia a la que deberá, posteriormente colocar el libro cuando empiece a leer y escribir, en su etapa escolar.

3-    Se desarrolla el sistema vestibular que es el encargado de regular el equilibrio, y el sistema propioceptivo, lo que le permitirán al bebé conocer donde están las diferentes partes del cuerpo y a situarlas

4-    Otro de los beneficios que tiene el gateo es que se estimula la tactilidad de la palma de la mano, lo cual beneficia a su vez la motricidad fina que en un futuro se traducirá en un buen control de trazo de la escritura. Al masajear la palma de la mano, ésta envía información al cerebro sobre las sensaciones y texturas que siente el niño. 

5-    Conecta  los hemisferios cerebrales creando rutas de información cruciales para la maduración de las diferentes funciones cognitivas.

6-    Ayuda a establecer la lateralización del cerebro más o menos a los 5-6 años, cuando uno de los hemisferios se convierte en dominante.

“Como vemos, el gateo tiene muchos beneficios desde el punto de vista sensoriomotor al seguir potenciando la musculatura anti gravitatoria, las coordinaciones, las sinergias musculares, como también, a nivel de la ideación y planeamiento de habilidades motrices más complejas y muy especialmente, en la emoción y el goce de ir descubriendo poco a poco el mundo que los rodea y su manera de habitarlo” (Sarita Gálvez Donoso, Kinesióloga Chilena)



5. ¡No a los andadores!
Ya el bebé sabe rotar, gatear, sentarse, gatear mas y comienza una etapa de transición donde sabemos que comienza apoyarse en todo lo que ve para erguirse, a tratar de ponerse en dos pies y dar sus primeros pasos.
Es en esta etapa donde empezamos a pensar en andadores, incluso algún familiar con buena intención ya nos ha regalado uno.



El uso de andadores es otro mito que debemos derribar. La realidad es que no son un buen elemento para promover el desarrollo de movimiento libre, además de ser bastante peligrosos y provocar un gran número de accidentes en los hogares.


Tanto en los Estados Unidos como en Canadá es el implemento para niños y niñas que más accidentes causa cada año (Traumatismos cerebrales, lesiones en la columna, entre otros).

Si tomamos en cuenta que  los hitos del desarrollo (girar, reptar, gatear, sentarse, arrodillarse, ponerse de pie, caminar, entre otros) son propios de la especie humana y que cada niño o niña los alcanzará de manera natural cuando corresponde porque estamos diseñados para ello, veremos que el uso de estos artefactos lo único que hacen es entorpecer esta sinfonía de movimientos. Adicionalmente sometemos a que el niño o niña genere posturas para las cuales no está preparado (estar de pie en este caso) ya que su estructura musculo-esqueletica aun no esta lista para asumir la posición vertical de forma independiente.
“El uso de andadores, saltarinas y centros de actividades NO promueven el desarrollo y es importante saber por qué es tan importante que este mensaje llegue a los oídos de todas las madres y los padres que nos rodean”


lunes, 16 de marzo de 2015

Papás al 100 y Crianza con Apego.


Ayer fue el día de la Mujer y  me puse a pensar que el hecho de ser mujer siempre estará asociado a la posibilidad de ser madre, queramos serlo o no. Por algo los planes de salud tienen en cuenta que seas una mujer en edad fértil para cobrarte más y las empresas para discriminarte.

Aunque no todas las mujeres sean madres, todas las mujeres sanas estamos preparadas físicamente para ello, somos poderosas porque cobijamos vida y la nutrimos y cuidamos con nuestro cuerpo hasta después del nacimiento, también con la lactancia.

Contamos con hormonas femeninas que  nos ayudan a prepararnos psicológicamente para el paso a ser madres y nos ayudan a enamoramos de nuestro hij@ apenas lo vemos y lo tocamos!. Nos ayudan preparándonos para todos los cambios que la maternidad conllevará y la mayoría de nosotras (espero), recibimos a nuestros hij@s con alegría, criamos con amor y orgullo y dedicando lo  mejor de nosotras a nuestras crías. Es lo natural.

Pero los hombres no pasan por ninguna de estas experiencias ni por un “enamoramiento” natural hacia sus hijos, y tienen que conocerlos y convivir con ellos para enamorarse, sin ayuda de hormonas y del hecho de haberlos sentido como parte suya desde la concepción.

No tienen esa conexión mamá – hijo que nosotras formamos desde el minuto uno,  por lo que los padres necesitan involucrarse activamente, y deseando hacerlo desde el primer momento, en su crianza. Desde la concepción, deben ser parte activa en el trío madre-padre-hijo, y así comenzar una relación con ell@s.

Tal vez ésta sea una de las razones al hecho de que los padres, al menos en nuestra cultura occidental industrializada, estén tan lejanos y ausentes en la crianza der sus hij@s. Aunque esto está cambiando claramente, por lo que puedo ver a mi alrededor.

Otra razón radica en el hecho de que tradicionalmente el papel del padre ha sido el de proveedor exclusivamente. La madre se ocupa de la casa y los niños, independientemente de que también trabaje remuneradamente, y el padre sale a trabajar y poco se ocupa de la casa y los hijos.
 
Pero decía, eso está cambiando. Veo constantemente a mi alrededor, padres más involucrados. En el parque, por ejemplo, van padres solos con sus niñ@s o todos en familia, los padres juegan con los niños, también con las niñas, se divierten juntos.

Los amigos, por lo que cuentan, también están involucrados en las tareas de crianza; dan de comer a sus hij@s, cambian pañales, les bañan, les visten, y/o se ocupan de tareas de la casa. Pareciera que empieza a haber un reparto más igualitario de las tareas del hogar y la crianza.

Esto es lo que “se ve” desde fuera, pero “por dentro” doy fe de que los padres involucrados en la crianza (y con apego) sí existen. Yo conozco uno, y no fue el mío, un padre muy involucrado en la crianza de su hijo que desde su vida intrauterina comenzó a crear lazos con él; le leía, le cantaba, le hablaba, le acariciaba y ahora sigue igual…. Busca tiempo para estar con él y sé que su hijo sabe cuanto lo ama y lo cuida. Yo siempre le digo que es el mejor padre que he conocido, y es verdad.
Se ha preocupado siempre de apoyarme en la crianza, y cuando nuestro hijo era pequeño y sólo necesitaba a mamá, se hacía cargo de la casa y nos acompañaba en todo momento, queriendo pasar su tiempo con nosotros. Cuando nuestro cachorro ya lo dejó ser parte de su vida más activamente, empezó a forjarse su propia relación independiente de mi… y me he quedado maravillada con el amor y la dedicación que le trata, aunque a veces necesita de mi ayuda para mantener la paciencia ( y yo la de él)
 
Sólo queda que nuestro niño le deje hacerse cargo de él también por las noches. Pero aun así el padre puede colaborar prestando ayuda física a la madre en todo lo que necesite por las noches; llevando, trayendo cosas, prendiendo, apagando luces etc., prestando su cuerpo como apoyo, por ejemplo cuando el bebé se sube sobre la mamá a mamar y la madre necesita apoyo en su espalda, etc. Puede dedicarle a su pareja y su hijos todo su amor, en esos duros momentos de frecuentes despertares cada noche cuando el cansancio no es buen aliado,  acariciándoles, besándoles, cantándoles, etc. ¡Lo bien que se siente que alguien se ocupe de ti, cuando tienes que atender a tu hijo y no puedes más del cansancio!




Aquí dejo unas palabras de esta padre, que ha abierto su mente y ha decidido también criar con apego.

“¿Qué puedo decir sobre la paternidad que no suene a tópico? ¿Qué la vida te cambia radicalmente, que es lo más maravilloso que me ha pasado en la vida…? Yo puedo resumirlo con una frase que me decía mi padre cuando era pequeño, y que nunca comprendí: “ cuando seas padre, comerás dos huevos “. Cada uno, podrá interpretar esta oración como quiera. Por mi parte, puedo decir que significa “ RESPONSABILIDAD “. Lo escribo en mayúsculas, porque conlleva mucho más que una simple responsabilidad: madurez, valor, amor, generosidad, comprensión. Todo esto y más, es lo que me ha aportado mi hijo.
Mi hijo, … , mi pequeño terremoto…

Si, obviamente mi vida y, por supuesto, también la de mi compañera, amor y mamá de nuestro hijo, ha cambiado completamente. Personalmente, creo que  la paternidad es un proceso de aprendizaje que estoy viviendo cada día.
Por eso, me alegro de haber sido padre a los 38 años. No es lo mismo ser padre a esta edad que a los 18, hay que afrontar un montón de cosas y ser autodidacta, ante la llegada de una personita que necesita de ti, a pesar de que yo estaba seguro y decidido del paso tan grande que iba a dar; aunque fuera un paso hacia el desconocimiento más absoluto …  No hay un manual de instrucciones ni una guía a seguir…

Una nueva vida comienza en el momento en que llegas a casa con tu pareja y tu hijo recién nacido... Aprendí que yo ya no tenía importancia; mis necesidades pasaron a un segundo plano.
Paternidad… automáticamente pienso en mis padres, en los esfuerzos que hicieron por cuidarme, por protegerme, por alimentarme. En los temores que tenían cuando salía de casa solo, o cuando me marchaba de vacaciones. Todos esos pensamientos me abrieron los ojos de lo que significaba ser padre: sacrificio y dedicación al 100 por 100. Es un cambio muy duro y drástico en el que no hay vuelta atrás. No es un regalo que, si no te gusta, se pueda devolver.

Y aquí sigo, paso a paso,  aprendiendo y queriendo cada día más a mi hijo. Aprendiendo a través de su guía, y sorprendiéndome de lo rápido que transcurre el tiempo; de ser un bebé a corretear por la casa sin darnos un segundo de respiro, de sus primeras palabras indescifrables, de sus rabietas, de sus besos, de sus risas, de sus penas, de sus lloros…En fin, exprimiendo al máximo el tiempo de estar con él, mientras sea pequeño.
También me he vuelto observador de otros padres,  cuando van con sus hijos, como los tratan, como les hablan, qué lenguaje utilizan con ellos. Y muchas veces se me cae el alma a los pies; malas palabras, amenazas, violencia. No entiendo, con lo poco cuesta tratarles con cariño y con respeto.

En mi caso, no seré un padre perfecto, pero el amor y el respeto que siento por mi hijo, no lo tengo por nadie. ¿Qué significa mi hijo para mí? Mi vida…” (Iván)

Padres involucrados y que criaran con apego era impensable hace unos años, pocos. Si miro mi propia infancia y la relación con mi padre, no voy a decir que estuvo ausente, pero no fue una relación cercana. Mi padre jugaba poco conmigo porque “era niñita” y no sabía cómo tratarme, según el mismo decía, pero sospecho que también porque no me conocía ya que todo nuestro quehacer quedaba en manos de mi mamá.

Mi papá se ocupaba de prepararnos el desayuno los fines de semana, y salíamos juntos de vez en cuando, siempre en vacaciones, sí compartíamos tiempo juntos pero algo había que ese tiempo no fue suficiente para compartir realmente.
Y para mí, la cosa era así. Todos los papás de mis amigos compartían un patrón similar, estaban presentas pero ausentes, no había un conocimiento o conexión emocional con ellos. Creo que era porque su involucrarse en la crianza no pasaba de hacer acto de presencia y de ocuparse de algunos regaños o castigos, cero guía, cero compañerismo.

Tampoco me criaron con apego, me hacían sentir querida, pero en mi casa sí había castigos, gritos y amenazas,  casi siempre de parte de papá
Y antes,  creo que los padres eran más ausentes, las familias eran más grande y muchos niños a los que cuidar. Mi madre habla de su padre como un señor extremadamente autoritario, nada involucrado en la crianza. Con él los niños no podían abrir la boca en la mesa o tener “modales poco adecuados”, bastaba una mirada para que temblaran...
 
Creo que el ser padre, también debiese de comenzar con la crianza que le damos a nuestros niños, en la casa con la familia de origen, debería ser  el lugar donde un hombre aprende a ser padre, al igual que las niñas aprendemos de los juegos “de niñas” con los muñecos y carritos de paseo, lo que después vamos reforzando cuando vemos a otras mujeres ser mamá.

Según Sergio Sinay en “Ser padres es cosa de hombres” los hombres tiene que aprender a ser padres y re aprender y reconvertirse en la propia experiencia de serlo, y en cada una de sus etapas, dado que no cuentan con un bagaje anterior sobre lo que es la paternidad.

“Cuando somos pequeños los varones no jugamos naturalmente con muñecas, no los alimentamos, no los abrigamos, no le es hacemos una casita. Se supone que no son juegos de niños, sino de nenas (…) Pero ¿Dónde  y cómo aprendemos los varones a ser padres?. (…)
Generalmente, a los hombres adultos que ejercemos la paternidad, en cualquiera de sus etapas, al no haber tenido de quien aprender, no tenemos como saber. De manera que la única y maravillosa oportunidad que tenemos de aprender es en el ejercicio de la paternidad, aprender con nuestros hijos (…)
Comienza en cualquiera de tus edades y circunstancias o las edades y circunstancias de tu hijo, justamente porque la paternidad no se juega solo una vez, porque no tiene fórmulas, porque es un viaje de ida. Con cada hijo nace un padre (…) Nos convertimos en padres. También re-aprendemos. También nos re-convertimos"

Creo, por eso, muy importante el criar a nuestros hijos e hijas de manera igualitaria, sin roles ni juguetes sexistas. Incentivando también a los niños a jugar a las muñecas, a la casita, a preparar la comida y a barrer. Involucrarlos activamente en las tareas del hogar, y no como una obligación sino por el placer de ver tu lugar limpio y ordenado. Al principio todo es un juego y podemos regalarles todo tipo de juguetes y no se van a sorprender; muñecas, muñecos, mochilas cargadoras de muñecos, escobas, cocinitas, etc.
Lo van a tomar de manera natural siempre y cuando en casa vean el ejemplo, un padre involucrado en la crianza y en las tareas del hogar.


Para mi hijo es tan natural todo esto, que tiene su propia muñeca, la “Pepi”, a la que él mismo ha intentado “darle tetita”, tiene su escoba con la que “me ayuda” a barrer y me ayuda de verdad cuando cocinamos, le encanta meter las manos en la masa y remover y mezclar.
Así en el futuro crearemos, porque estamos criando en el presente, hombre -padres interesados e involucrados en la crianza de sus hijos que a su vez, criarán con apego. M.R.

¿Cuál es el papel de un papá involucrado en la crianza?

“Papá tiene un rol de protector en los primeros años de vida. Debe sostener y apoyar a mamá, especialmente en los dos primeros años (el puerperio), para que esta pueda dedicarse y entregarse al bebé, que tanto lo necesita tanto física como emocionalmente.
Mamá recibirá muchas veces una especie de acción invasiva por parte del entorno, especialmente si decide dedicarse a la lactancia exclusiva y a la crianza respetuosa. Vecinos, amigos, familiares, desconocidos y hasta el mismo pediatra se colocan muchas veces en una posición de juicio y ataque. Condenando y tratando se sabotear las acciones instintivas, como por ejemplo la lactancia prolongada.
(...) Me gusta llamar a Papá el “Bastión emocional”(…)

Papá también deberá ayudar con los deberes del hogar en el puerperio, ¿Y por qué no? Después también.
Atenderá y dedicará tiempo exclusivo al niño, dando ratos de descanso a mamá. Esto último es importante para crear vínculo.
(...)
Un padre que cría con apego es “un hombre normal, que quizás disfrute del fútbol, del béisbol, de coleccionar cosas o de la buena música. Lo que nos diferencia de un hombre que no cría con apego, es que vemos la crianza y educación de los hijos como un asunto de pareja. No delegamos todo a mamá. Si trabajamos fuera de casa, al llegar nos dedicamos a nuestros hijos. Jugamos con ellos, les atendemos y les escuchamos con atención (…)
Tenemos derecho a tener malos días y malos ratos. Pero aprendemos a resolver los conflictos de forma amorosa, a través del dialogo y la empatía. Pues justamente esa es la forma en que queremos que nuestros hijos resuelvan los asuntos en sus respectivas vidas.
(…) Un papá que cría con apego está muy lejos de ser una figura autoritaria, que dicta órdenes para que se obedezcan sin cuestionarlas. Por lo que construye una sana autoestima en sus hijos.
(…) Como bien he dicho, una crianza respetuosa es la base sobre la que se construye el autoestima y se establecen los valores de vida y los mecanismos emocionales con que enfrentaremos la misma. Por lo tanto los beneficios ni siquiera tienen que describirse. Pues son la empatía, el amor propio, los buenos patrones de comunicación, y hasta la salud.
(…) Estoy totalmente convencido de que no se puede establecer una sociedad sana con los viejos patrones del autoritarismo. La única forma que hay de construir un mundo nuevo es establecer sus cimientos en el amor, el respeto y la tolerancia. Y esto solo lo lograrán un nacimiento humanizado, una crianza con apego y respeto y una nueva educación basada en la empatía, el amor y la conexión con nosotros mismos y nuestra verdadera esencia”


http://felicescriando.blogspot.com.es/2014/12/la-paternidad-con-apego.html?spref=tw

 

Si eres un padre interesado en una paternidad activa te interesará seguir el siguiente link el Programa de ”Chile Crece Contigo”.

 También te invitamos a leer la Guía para la paternidad activa.

Y para terminar… un chistecito muy real sobre la paternidad:

 
 

viernes, 6 de marzo de 2015

Confesiones de unas malas madres


Hoy tenemos ganas de contarles lo que a veces pensamos y sentimos, y que nos hace sentir  malas madres. Tenemos ganas de contárselo a nuestros hij@s, Camila y Damián, para que puedan entender por qué ellos sienten, en algunas malas ocasiones, a mamá un poco menos feliz o más lejana, más enojona e incluso gritona.

Hablaremos de manera personal, desde nuestro ser madre por supuesto, pero la/os invitamos a reflexionar sobre sus propios ser malas madres/padres, suponiendo que toda/os lo hemos sentido en algún minuto u ocasión. Y la/os invitamos a confesárselo a uds. misma/os y sus cachorros, quienes se merecen a unas madres y padres  sanos y libres de culpas.




…….
 
Desde el primer minuto de su vida extrauterina, mi niño me ha guiado para que yo aprendiera sobre maternidad, con su manera de ser me ha llevado por el camino del aprendizaje y de la búsqueda de tribu. Sin él, tal vez nunca se me habría ocurrido conocer más gente que criara como yo ni querer ser parte de esta comunidad, tal vez no habría descubierto que la maternidad acompañada es más llevadera.

 
Sí, llevadera, porque no es todo fácil y pura dulzura, como a veces uno quiere creer o como te quieren hacer creer.


Cuando decidí dejar de lado la crianza tradicional, y hacerme amiga del respeto incondicional a las necesidades de mi hijo, lo hice porque vi que aquella manera seria la mejor para él, y que efectivamente, daba sus frutos inmediatos, manteniendo su carácter dulce, simpático, desarrollándose con seguridad y afecto, siendo un niño despierto e inteligente. Al mismo tiempo me di cuenta que sería muy cansador para mí, y lo sigue siendo, pero lo asumí y lo asumo y esta es la manera de criar que me acomoda y nos gusta a la familia que somos.

La maternidad me ha sido y me está siendo una experiencia maravillosa y también al límite en todo, en lo positivo y en lo no tanto, sobre todo en lo agotador.

Doy fe por mí y por mi compañera de tribu, Dora, que esta es la experiencia más agotadora de nuestras vidas, y no sé si es porque tenemos niños especialmente demandantes o porque hemos decidido involucrarnos al 100 en hacerlos felices, pero sea lo que sea, en mi (nuestra) experiencia, el cansancio es el pan de cada día.

Y aquí viene el objetivo de este escrito, las confesiones, el desahogo, el compartir esos sentimientos negativos que surgen desde el cansancio y la frustración de no haber podido dormir más de 3 horas seguidas desde hace dos años, y no haber tenido ni un minuto para mí, realmente para mí, y no para atender cosas de la casa, como suele ser el escaso tiempo que me quedo sola o cuando me dirijo o regreso del trabajo.

 
Por ti, mi amor, confieso haber deseado muchas veces que fueras diferente, un niño de los que duermen tranquilamente muchas horas seguidas, como se supone que debe ser. ¿No dice algo así lo de “dormir como un bebé”?

Confieso haber deseado que esto fuera un sueño y que cuando despertara estaríamos en nuestra vida sin hijo, descansando y volviendo a tener mi vida para mí.

Confieso que no te soporto cuando te mueres de sueño y te resistes con garras y dientes a dormir.

Confieso que me caes mal cuando te despiertas tropecientas veces cada noche y no te duermes si no es con la teta, conmigo. ¡Qué diferente seria si no chillaras como loco cuando te intenta redormir papá!

Confieso estar cansada de tenerte encima mío todo el tiempo y tenerte que dar teta a cada un minuto, cuando estas en fase “mami”.

Confieso que te he apartado la mano bruscamente, más de alguna vez, cuando en la noche no te reduermes y me entierras tus dedos en los ojos, la nariz, la boca, el ombligo, los pezones, etc.

Confieso que te he apartado de mi lado, con poca suavidad, o te he dejado sobre la cama o el sofá bruscamente cuando estás en plena rabieta y necesito no tenerte encima mi para poder calmarme, lo que ha incrementado tus gritos. Claramente necesitas una mama tranquila en esos momentos.

Confieso que te he dejado solo, más veces de las que quisiera, durante tus rabietas, para poder calmarme antes de seguir a tu lado, aunque sé que me necesitas ahí para sentirte seguro.

Confieso haberte gritado, en más de una ocasión, en un momento de desesperación, aunque de esa manera lo único que ha ocurrido es que grites más y me mires con tu carita de pena y haciendo un puchero no entiendes por qué te grito.

Confieso haber tenido ganas de darte un golpe o un empujón para que te calmes. ¡Qué irónico querer que te calmes de esa manera y haciendo gala de un mal ejemplo que no llevara a nada positivo!

Confieso que me arrepiento al mismo momento en que todo esto ocurre y que cuando nos calmamos te pido perdón, eso lo sabes bien. Me conoces.

Confieso sentir en esos momentos que soy una mala madre y que no practico lo que predico.

Confieso ser víctima de mis propios impulsos y de mi propia crianza y que por momentos me resulta difícil ver la luz y retomar el camino, aunque tengo suficiente luz para no haber pegado nunca.

Confieso que hay veces que siento que criarte con respeto me queda grande y que lo único que quiero es dejar de sentirme cansada en todo momento,

Pero confieso también que te amo, que eres la razón de mi existir, lo mejor de mi vida y a quien más quiero hacer feliz, por eso sigo siendo tu mamá con amor y respeto. Por eso si me caigo, lo reconozco y lo enmiendo y sigo adelante con la cara lavada y mi mejor sonrisa.

Confieso que eres mi todo.

 
……

 
Las confesiones de Mirra no distan de mi realidad, al leerlas me siento sumamente identificada, y con un deseo de escribir, para también hacer catarsis, quiero compartir con ustedes algunas confesiones de esta madre imperfecta:
 

Confieso que muchas veces, cuando estoy sobrepasada, porque has hecho muchas pataletas, y no duermes siesta, y has dormido horrible toda la semana, y siento que no doy más, y haces cosas, propias de tu edad, me enojo y me viene un deseo ciego, tremendo, voraz de querer darte una nalgada, un jalón de orejas, un zarandeo o cualquier tipo de violencia física que te haga obedecerme

 
Confieso que después de tener esos deseos tan oscuros, de que la sombra de la violencia me persiga te miro a los ojos, me doy cuenta que efectivamente solo eres una niña, y me embarga una culpa horrible, mucha pena y vergüenza.

 
Confieso que he llorado muchas madrugadas, anhelando dormir más, queriendo que te calles, que te duermas sola, porque me duelen los pechos, la cabeza, la espalda y estoy cansada, muy cansada. Me he parado y te he cargado de mala gana, de mala forma. Quiero que tu padre me ayude, trata, pero lo único que quieres es estar conmigo y yo te rechazo.

 
Confieso que te he gritado, que no he sabido controlarme, porque en la nebulosa de mi enojo, creo que es la única forma en que vas a entender, mientras tú me miras desconcertada, tus hermosos ojitos me miran diciéndo “¿qué le pasó a mi mamá?” 

 
Confieso que he pensado en mandar al carajo todo en lo que creo, a esta crianza más respetuosa y empática, porque cuando te veo tan desafiante y dispuesta a romper cualquier límite he pensado que esto no funciona contigo, que te estoy malcriando y que debo criarte de una manera más tradicional, que debiera hacerte entender de una u otra forma que te guste o no yo soy el adulto y se hace lo que yo diga.

 
Confieso que me he planteado muchas veces si habrá sido lo mejor quedarme en casa criándote, si debiera estar trabajando, porque a veces creo que me estoy "desperdiciando" al dedicarme solo a ti. Después recapacito y me doy cuenta que es un privilegio y que el hecho que seas como eres y que seas esta niña tan maravillosa  es en parte por mi sacrificio de amor. 

 
Confieso que cuando pasa la tormenta, vuelvo a verte como el ser humano que eres y que se merece respeto, vuelvo a ponerme a tu altura, vuelvo a ponerme en tus zapatos y entiendo, que solo tienes dos años, que no es tu intención hacerme pasar malos ratos, que simplemente tu eres inquieta, curiosa y con muchas ganas de descubrir.

 
Confieso que cuando me envuelve todo este lado oscuro, producto de mis sombras y luchas internas, he logrado ver un poco de luz. He podido hacerme a un lado, he podido abstraerme, he podido pedirte perdón cuando te he fallado. He podido irme y respirar, lavarme la cara, aunque tu llores desconsolada y cobro la cordura y vuelvo a pensar, vuelvo a verte, vuelvo a creer en ti, vuelvo a creer en mí y vuelvo amar tu manera de ser: vuelvo amar que seas tan desafiante y obstinada vuelvo a rogar que nadie mate tu esencia, mucho menos yo.